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Posts Tagged ‘ARTÍCULOS’

Peter Singer, australiano y titular de la cátedra de Bioética en el Centro para los Valores Humanos de la Universidad de Princenton (Estados Unidos), fue entrevistado en Babelia, el suplemento cultural de El País (11 de mayo de 2002) con motivo de la publicación de su libro Una vida ética por la editorial Taurus (editorial del supergrupo de Jesús de Polanco, para no salirse del carril del pensamiento único). Esta entrevista constituye uno de los referentes ideológicos del Gobierno español. Y si no, juzguen ustedes mismos.

El citado Singer también es autor de Liberación animal, un libro publicado en 1975 con enorme éxito de ventas. En él afirmaba un verdadero dogma para la confusa mentalidad posmoderna: “Los animales son titulares de ciertos derechos humanos, como el derecho a la vida y a no ser torturados”. Con estos antecedentes, no puede una extrañarse de sus contestaciones en la entrevista citada. Así, el periodista le pregunta qué opinión tiene sobre clonación con fines médicos y la investigación con células madre embrionarias y el responde, sin cortarse un pelo que “Los embriones no son seres sensibles. No experimentan dolor. Hay miles de embriones excedentes o sobrantes de tratamientos de fertilización in vitro que se conservan congelados en tanques de nitrógeno líquido. No tienen futuro, así que ¿por qué no emplearlos en el campo de la investigación? Esto no va a privarles de ningún futuro porque no lo tienen. (…) Antes prefiero un experimento con un embrión humano excedente que con una cobaya”.

Las ideas de Singer están a punto de hacerse realidad en nuestro país. El jueves 16 de febrero se votó en el Congreso de los Diputados la nueva ley de reproducción asistida. En la España de Zapatero, las cínicas y salvajes ideas de Singer van a ser una realidad con una norma que no viene a satisfacer el deseo de tener hijos, como nos contará, conmovida, la vicepresidenta del Gobierno. La reproducción asistida ya estaba autorizada en España y no era necesario ampliarla porque la producción artificial de seres humanos la realizan numerosas clínicas privadas y públicas. El único objetivo de esta nueva ley es enriquecer a los centros que almacenan cientos de miles de embriones congelados con los que a partir de ahora se podrá experimentar y comercializar sin límite.

Porque el otro gran argumento que ha esgrimido enternecida la vicepresidenta del Gobierno (y si no, al tiempo), es que esta ley también viene a curar enfermedades y a dar esperanza a los atribulados padres gracias a la clonación (terapéutica, no crean; se aprovechan las células y luego se destruyen, no vaya a ser que crezcan y tengamos clones adultos) y la selección eugenésica de embriones.

Pero volviendo a la revolución animal que proclamaba Singer, la nueva ley de reproducción asistida protegerá y financiará la destrucción, selección y experimentación de embriones, aunque les llamen preembriones (la realidad no cambia porque la renombremos). Sin embargo, aquel osado que capture un huevo de avestruz o una cría de lobo o de zorro (aunque sea recién nacida o incluso por nacer, en el vientre materno), por citar algunas especies protegidas, será castigado con la misma pena que si se apropia del animal adulto. Así lo establece la legislación estatal y autonómica de protección de animales. La protección del ser humano desde el momento mismo de su concepción no favorece la biodiversidad, al parecer. Por ello podemos capturar embriones humanos sin temor a ser sancionados.

Este debate, como sabemos, no es nuevo. El recientemente fallecido Johannes Rau, siendo presidente de la República Federal de Alemania, pronunció en mayo de 2001 un histórico discurso. En él recordaba que los diputados alemanes, desde posiciones políticas muy diferentes, habían acordado que en su país no se experimentaría con embriones. Establecieron, además, que, a efectos de protección legal, la vida humana empezaba con la fecundación del óvulo. “Lo cierto – afirmó el presidente alemán – es que la experiencia que vivimos con el nacionalsocialismo y, en particular, con la investigación y la ciencia en el Tercer Reich tiene que desempeñar un papel importante a la hora de formarse un juicio ético: unos círculos científicos desenfrenados se dedicaron a investigar únicamente al servicio de sus objetivos, sin escrúpulos morales.”

La Conferencia Episcopal Española, como voz que clama en el desierto, ha denunciado proféticamente la amenaza que la ley Zapatero de reproducción asistida supone para la vida y dignidad del ser humano. Quiénes son los obispos, dirán algunos, para imponer sus creencias a todos los ciudadanos. Magnífico argumento si no fuera inconsistente; no hablamos de fe sino de razón, de verdad científica, de certeza demostrable. Si dejamos crecer al embrión, se convertirá en un bebe y, posteriormente, en un adulto; si lo destruimos, aunque sea con fines loables, salvíficos y benefactores de la humanidad, le estamos quitando la vida. Así de sencillo. Otro eclesiástico, August von Galen, obispo de Münster (Alemania), también se opuso con coraje al nazismo, en especial a sus experimentos contra enfermos y minusválidos. De ahí el sobrenombre con el que es conocido: el león de Münster.

En definitiva, bienvenidos todos, señoras y señores, al gran negocio de la producción, manipulación y destrucción de la vida humana. Y mientras, la Administración sanitaria se ocupa del gran debate nacional sobre la salud de los ciudadanos: ¿Podemos o no fumar en el balcón de la oficina?

Teresa García-Noblejas, Presidenta de PROFESIONALES POR LA ÉTICA, FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE ASOCIACIONES

 

 

 

 

 

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Publicado el 6-11-2006

El solo título de este artículo puede que sorprenda a más de alguno teniendo en cuenta que el conocido padre de Europa no podía ni siquiera haber imaginado los problemas que la presión migratoria nos está planteando en estos momentos. Sin embargo, puede que saquemos algo en claro si vemos dicho problema a la luz de los fundamentos de la UE.

Puesto que se trata de fundamentos, en lugar de repetir cosas que son de sobra conocidas convengamos que hay al menos dos problemas mayores que la Unión Europea tiene aún sin resolver. Uno es el de su propia definición como entidad política, que ha quedado seriamente cuestionada como consecuencia del rechazo francés a la Constitución, ejemplo que inclinó también al voto negativo a otros países y el otro, precisamente este problema de la presión migratoria.

Tratándose del primer problema lo que conviene dejar bien claro es que los padres de Europa no deseaban crear una comunidad de países fundada exclusivamente en la prosperidad. Pese a ello y en la actualidad, la UE no parece que quiera definirse por otra cosa que por su riqueza, por no decir opulencia, el confort y, sobre todo, la seguridad.

Que los padres de Europa no pensaban así se demuestra porque en el propio discurso de Schumann (9 de mayo de 1950) ya se indicaba claramente que una de las tareas esenciales de Europa era la del desarrollo del continente africano. Si ahora la miseria viene a Europa no es sino porque Europa no se ha tomado el trabajo de acudir allí donde estaba la miseria. Que Europa no ha querido definirse sino por la riqueza y el confort también lo demuestra el hecho de que tampoco fue una iniciativa Europea sino la fuerza de Juan Pablo II la que demolió el muro de la indiferencia con el que Europa se había separado de los países del Este.

Pero tratándose de la definición de Europa como entidad política ya se está viendo que estamos sacrificando los principios. Recordemos las famosas discusiones de la Convención en las que se puso especial empeño en no mencionar las raíces cristianas, pese a las protestas de algunos y las siempre sabias advertencias de la Iglesia católica, institución estrechamente vinculada tanto al origen como a la historia de Europa y «experta en humanidad» como con frase feliz ya la definió el Concilio II Vaticano.

Lo que yo quisiera destacar ahora es que fue precisamente por esas raíces cristianas por lo que tan sólo cinco años después de haber vivido el odio y el ametrallamiento entre ciudadanos de Francia y Alemania, pudo un hombre profundamente cristiano proponer una alta autoridad arbitral como solución para terminar con semejantes enfrentamientos. Léase entre líneas la declaración Schumann y se verá todo bien claro: «Casi exactamente cinco años después de la rendición sin condiciones de Alemania –decía- , Francia lleva a cabo su primer acto decisivo en la construcción de Europa y, al mismo, asocia a Alemania». Con razón había empezado Schumann su discurso diciendo que no se trataba de palabras vanas sino de acciones que él mismo definió como «intrépidas».

Seamos claros; sin estas raíces cristianas Schumann no habría sentido la necesidad de lanzar su idea. Por eso es triste que cuando Juan Pablo II recordó la importancia de reconocer el papel de la religión en la definición del ser de Europa, un conocido periódico inglés, interesado por los temas europeos, publicaba un titular que decía que «el fantasma de las guerras de religión planea de nuevo sobre Europa». Se trata de una confusión lamentable. La religión no divide, la religión une, como pasó con Francia y Alemania y es también la religión la única que mueve a los países ricos a ayudar verdaderamente a los países pobres.

Si se ve a la religión como un factor que puede dividir a los hombres, es que algo falla en la noción misma de la religión. Es en esa misma llaga en la que Benedicto XVI ha puesto el dedo con su discurso de Ratisbona. Pero si, como es verdad, la religión es un elemento, quizás el más fuerte, para unir a los hombres y hacer que los ciudadanos consideren el bien común de la sociedad como el mejor bien propio, entonces lo que probablemente ocurre es que nosotros lo que estamosconstruyendo, es una Europa sin fundamentos firmes.

Javier Montero Casado de Amezúa. PROFESIONALES POR LA ÉTICA-BRUSELAS

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Publicado el 27-12-2006

El Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz que Benedicto XVI ha hecho público para el año 2007 se titula La persona humana, corazón de la paz. Para los cristianos, cada ser humano tiene un valor sagrado porque es imagen de Dios y ha sido redimido por Cristo.

Juan Pablo II recordaba que el Redentor del hombre confirma los derechos de las personas. Y entre estos derechos se encuentra el derecho a la vida. No es casual que en una sociedad descristianizada como la nuestra, en la que no hay sitio para Dios, haya tantos atentados contra el derecho a la vida. Nuestro entorno cultural presume de tolerancia con todas las ideas y costumbres pero es implacable con las personas y su derecho a existir. La violencia contra la persona, sea niño, adulto, anciano, hombre o mujer, es un atentado contra la paz. Incluso cuando esa persona se encuentra en las primeras fases de su desarrollo, como sucede con los embriones que, para la legislación española, son simplemente material de laboratorio, objeto de experimentación, manipulación, negocio o destrucción.

Otro síntoma de la falta de paz en el mundo, recuerda Benedicto XVI en el Mensaje citado, es la falta de respeto y la vulneración de la libertad religiosa. No olvidemos que aún en nuestros días, hay cristianos perseguidos, verdaderos testigos de la fe. En Europa, y especialmente en España, la paz se ve amenazada no tanto por la persecución física como por el escarnio cultural sistemático, muy especialmente contra lo católico.

Frente a esta ideología intolerante que pretende excluir del espacio público la visión cristiana del hombre y la comunidad estamos convocados a trabajar por la paz pregonando y defendiendo con valentía los derechos fundamentales y de la dignidad de cada persona.

Teresa García-Noblejas, Responsable de PROFESIONALES POR LA ÉTICA, FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE ASOCIACIONES

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Publicado el 23-3-08

El Derecho es lo justo en el caso concreto y no un mero valor estratosférico y difuso, alejado de la realidad práctica y del sentido común. La pretensión de hablar de “justicia” en abstracto choca frontalmente contra el sentido natural de lo justo que el ciudadano común tiene cuando ha de enfrentarse a la arbitrariedad del poder público.

Frente a eslóganes apologéticos simplones que otorgan valor astronáutico a la asignatura de Educación para la ciudadanía (moneda falsa acuñada en la ceca carolina, a saber, la Universidad que lleva el nombre del hispano monarca, déspota ilustrado), el buen sentido jurídico busca la solución justa en el caso concreto, distinguir el noble metal de la vil estafa.

Con buen sentido jurídico, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, en sentencia de 4 de marzo, ha reconocido el derecho de unos padres onubenses a la objeción de conciencia frente a la asignatura mencionada, lo que implica, por un lado, exención del hijo de acudir a las clases de esa materia, y por otro, derecho a no ser evaluado.

Se trata de una sentencia bien argumentada, profundamente europeísta al aplicar la más reciente jurisprudencia del Tribunal de Estrasburgo, innovadora y vanguardista por ser la primera que reconoce el derecho a la objeción educativa. Dictada con un hondo sentido de lo justo en el caso concreto frente a vagas ideas a las que acude el poder –y sus acólitos- para justificar la agresión al inalienable derecho de los padres a la educación de sus hijos conforme a sus convicciones.

El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía está demostrando que es capaz de ser independiente e imparcial en un entorno hostil, mediático y político, algo que todos los ciudadanos hemos de agradecer. No es, por ello, de extrañar, que un nuevo auto del mismo órgano judicial, de 3 de marzo, haya autorizado cautelarmente a que los hijos de una familia de La Carolina (Jaén) no acudan a las clases de Educación para la ciudadanía.

Los recursos que la Fiscalía o la Abogacía del Estado tengan a bien presentar en el Tribunal Supremo no empañarán en ningún caso el valor jurídico de unas resoluciones, como las mencionadas, cargadas de sentido de lo justo en el caso concreto. Esperemos que el máximo órgano judicial entienda que la libertad, o se tutela en el caso concreto, o se trata simplemente de un vacío nombre que puede servir de cheque en blanco para el poder arbitrario. Si la imparcialidad judicial triunfa en España, Educación para la ciudadanía caerá. Si no, siempre nos quedará Estrasburgo.

José Luis Bazán, Coordinador de la Asesoría Jurídica de Profesionales por la Ética

 

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Publicado el 11-5-2007

La eutanasia constituye un claro atentado contra la vida humana, agravado además por el hecho de que afecta a personas que padecen graves sufrimientos, y que por tanto no suelen tener la suficiente capacidad para expresar libremente cual es su voluntad.

En el debate social y político planteado sobre la cuestión, hay que destacar en primer lugar la confusión terminológica utilizada por los defensores de la autodenominada “muerte digna”, y que en realidad no es otra cosa que la eliminación de un ser humano. Cabe distinguir la eutanasia, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) define como aquella “acción del médico que provoca deliberadamente la muerte del paciente” a causa de una enfermedad terminal, del auxilio al suicidio o suicidio asistido, que no afecta a enfermos terminales sino a quienes padecen una enfermedad irreversible. En el otro extremo estaría la llamada “ortotanasia” o encarnizamiento terapéutico, que supone el uso de medios técnicos desproporcionados para intentar prolongar la vida de un paciente que padece una dolencia irreversible, conducta que tampoco resulta éticamente aceptable.

Los defensores de la eutanasia utilizan conscientemente esta confusión para defender sus planteamientos, e intentan utilizar a personas que se encuentran con importantes problemas de salud para presentarlos como casos extremos, apelando a los sentimientos en lugar de a la razón, para poder manipular convenientemente a la opinión pública. Pero muchos de los supuestos que plantean no constituyen propiamente peticiones de eutanasia, sino de ayuda al suicidio, dado que no se trata de pacientes terminales, sino de personas que sufren de enfermedades o discapacidades crónicas, pero que no conllevan una situación de muerte inminente. Se sirven también del apoyo de buena parte de los medios de comunicación y en muchos casos de la propia administración. Así tenemos por ejemplo la promoción de la película “Mar adentro”, a cuyo estreno asistieron varios ministros del Gobierno central, lo dispuesto en el nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña, o el reciente documento aprobado en dicha Comunidad Autónoma por el Consejo Consultivo de Bioética, en el cual se defiende la despenalización de la eutanasia y la ayuda al suicidio. Igualmente diversas fuerzas políticas defienden dicha medida. No obstante guardan silencio y nunca divulgan los numerosos casos de personas que encontrándose en situaciones difíciles saben sobrevellevarlas, que demuestran su afán de superación y que desean seguir viviendo.

Sin embargo la eutanasia en ningún caso puede considerarse como la solución a un problema respecto de aquellos pacientes que la solicitan. En cuanto a los enfermos terminales, la verdadera solución está en la mejora de su atención, sobretodo mediante la extensión de las unidades de cuidados paliativos y el establecimiento de programas de apoyo tanto a los afectados como a sus familiares. En cuanto a los que padecen situaciones de discapacidad o afecciones crónicas, lo que resulta realmente adecuado es incrementar las ayudas a los interesados y a sus familias, como ya se ha puesto de relieve tras la aprobación de la Ley de Dependencia. Los poderes públicos deben incrementar las medidas de asistencia y cuidado de estas personas, y promover las asociaciones que velan por sus derechos, para que no tengan que soportar una situación de desamparo o de gran presión emocional.

Además, cabe recordar que en los lugares en los que se ha despenalizado esta conducta, cada vez se producen más abusos, y se acaba matando a muchas personas sin su consentimiento, por ser consideradas como una carga por sus propios familiares o por el personal sanitario que las atiende. En este sentido el ejemplo de Holanda es paradigmático. En dicho país más de un tercio de las “eutanasias” se realizan sin la voluntad del paciente, y ya se están aplicando sobre menores de edad. Si se despenaliza la eutanasia, como ya sucedió con el aborto, se crea un precedente y se deja abierta una puerta en la que cada vez van entrando más supuestos. Por otra parte no hay que olvidar que en la historia contemporánea el primer régimen en permitirla fue el nacionalsocialista de Hitler.

Por otra parte el hecho de que normalmente sea practicada con la intervención de personal médico o sanitario supone una infracción de sus obligaciones profesionales, ya que atenta contra sus principios deontológicos. Su deber ha ser siempre el de procurar salvar la vida y proteger la salud de los pacientes, y nunca el de eliminarla, conducta que es radicalmente contraria a dichas obligaciones. La eutanasia es contraria a los principios generales de la bioética. Va contra el de beneficencia, ya que no favorece en nada a quien se aplica. Contra el de no maleficencia, porque matar es el ejemplo más extremo de conducta perjudicial para el enfermo. Contra el de autonomía, porque muchos de los pacientes no están en condiciones de prestar libremente su consentimiento, y porque la privación de la vida (que es un derecho personalísimo e indisponible por parte de su titular), no la realiza el interesado, sino un tercero que se apropia indebidamente de dicho derecho. Finalmente contra el de justicia, porque nadie puede privar de la vida a otro, y porque además esto produce obviamente consecuencias irreversibles para quien es privado de ella.

Además la eutanasia esconde muchas veces intereses ocultos, como puede ser el conseguir una herencia en menos tiempo, eliminar a familiares que pueden constituir un estorbo, o en el caso de los poderes públicos, para reducir el gasto sanitario, o el de las pensiones por invalidez o de jubilación.

En definitiva, hay alternativas razonables y suficientes para evitar la eutanasia, y para que quienes hoy en día la solicitan puedan tener la ayuda y el apoyo que precisan. Tras muchas peticiones de eutanasia se esconden muchas veces situaciones de abandono, de falta de cariño y de apoyo, y constituyen en realidad una llamada de socorro. Desde Profesionales por la Ética instamos a las diferentes administraciones a desarrollar políticas sociales y sanitarias en este sentido, pero también a la sociedad, a atender y hacer frente a estas situaciones, para que nadie sienta la necesidad de pedir su propia muerte.

José AGUDO- Responsable del Área de Bioética de PROFESIONALES POR LA ÉTICA

 

 

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Publicado el 7 de abril de 2007.

No se si soy la única sorprendida. ¿No es muy curioso que ante la polémica sobre la asignatura “Educación para la Ciudadanía” las voces que la defienden en ningún momento rebatan el argumento de que es una intromisión en la educación moral? Es muy interesante escuchar estos contra-argumentos. Básicamente suelen ser así “… los ultra-retro-conservadores se oponen a una asignatura que enseñará democracia, igualdad entre hombres y mujeres, rechazo a la violencia, a la homofobia, al racismo,…” vamos, que los que se oponen a la asignatura son unos auténticos energúmenos que acaban de bajar del árbol. Pero, ¿no es interesante la sutileza?, entre col y col, te meto un gol. Entre igualdad y democracia, metemos un poquito de homofobia y si alguien discrepa por ejemplo, del matrimonio entre homosexuales, pues suspendido. Entre tolerancia y ética de mínimos, metemos una dosis de relativismo y de que la verdad no existe, y listo. ¿Que alguien defiende unos valores sustentados en la verdad y no en el consenso?: suspendido otra vez.

O sea, que aunque la asignatura lleve carga ideológica eso no importa, por que el Estado tiene el derecho de adoctrinar al que él considere energúmeno ¿no? El otro día en la serie televisiva del célebre doctor House se planteaba un caso curioso. House debía tratar a un paciente negro con una leve dolencia exclusiva de su raza. El paciente, al ser informado, consideró el tratamiento como un engaño de “los blancos” a “los negros”, una discriminación, y resolvió no tomar la medicación. El doctor decidió engañar al paciente y decirle que le estaba recetando una medicación para blancos, lo que fue asumido con total agrado por parte del paciente que empezó a tomar la medicación. Al enterarse del incidente el médico de raza negra que trató al paciente en origen, reacciono recriminando la actitud del doctor House por racismo. Había tratado al paciente desde el engaño, como a un niño, al considerarlo incapaz para atender a razones y asumir sus decisiones libremente.

Es esto lo que pasa con educación para la ciudadanía. El Estado impone su ideología aunque “los pacientes” no la quieran. La intromisión en la moral no se discute por que se asume que esa intromisión está justificada si es por el bien de la ideología del Estado. Los miembros del Gobierno y políticos que defienden esta asignatura no tienen recato a la hora de dejar claro que sí se trata de ideología, como lo demuestran la ristra de frases y declaraciones que se les escapan en los medios.

Pero el Estado no es el doctor House y muchas veces se equivoca. Aunque a muchos les duela, el Estado no es mi padre, el estado es subsidiario y siempre debe estar por debajo de la persona. El estado no tiene ningún derecho a meterse en mi conciencia. ¿Por qué le tienen tanto miedo a la libertad?

NURIA GARCÍA DE COLAVIDAS, Profesionales por la Ética de Madrid

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19-10-2006

Se complica día a día el conflicto creado por el Gobierno por la imposición unilateral de la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, la estrella de la LOE con la que, según Peces Barba, su padre intelectual, “el Gobierno habría justificado esta legislatura” (“El País”, 22/11/04).

Y en medio de la polémica, interviene la Ministra de Educación declarando que le “costaría mucho trabajo pensar que alguien que viera esos contenidos (los de la asignatura) pudiera plantear problemas de objeción de conciencia” (Europa Press, 02/10/06).

Los contenidos están ahí, en los borradores que estos días el Ministerio discute con las Comunidades Autónomas y, después de verlos, como pide la Ministra, no parece muy cuestionable la evidencia de que entran de lleno en la formación moral de nuestros hijos, en la transmisión de un concreto sistema de valores.

Pero sin necesidad de entrar a analizar los contenidos -que, por supuesto, es fundamental-, llama mucho la atención tanta insistencia en el propósito de formar, a través de la asignatura, “ciudadanos libres” cuando, de plano, se está conculcando una libertad básica: el derecho de los padres a escoger la educación de sus hijos de acuerdo con sus convicciones. Un derecho que tiene pleno reconocimiento en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y en la Constitución española.

La primera, pues, en la frente. Si todas las lecciones de ciudadanía que van a dar a nuestros hijos son tan respetuosas de los derechos humanos y la tolerancia como ésta, mejor será renunciar, ahora que todavía estamos a tiempo.

Pero es que, además, el ambiente que desde sus mismos orígenes (en la famosa propuesta de la Fundación Cives siguen estando las claves del despropósito) viene rodeando a esta asignatura, ayuda poco a transmitir precisamente confianza a la comunidad educativa. Es complicado eludir un cierto tufo totalitario en todo esto. Basta leer, por no irnos muy lejos del Gobierno y el PSOE, la reciente propuesta de la Fundación Alternativas, los artículos de la Directora General de Igualdad y Calidad de la Educación de Castilla – La Mancha, María del Mar Torrecilla (“El Mundo”, edición de Castilla – La Mancha, 30/06/06) y del Secretario General de las Juventudes Socialistas de Extremadura, Máximo Domínguez (“Extremadura al día”, 02/10/06) o las declaraciones del Secretario General de la Federación de Trabajadores de la Enseñanza de la UGT, Carlos López (Europa Press, 02/10/06).

La Ministra tiene que comprender, aunque le resulte difícil, que los padres estemos muy preocupados. Cada día más.

Nosotros no queremos imponer a nadie cómo tiene que educar a sus hijos. Tampoco queremos polemizar con nadie sobre los orígenes del pensamiento ilustrado y su proyección a través de la perspectiva de género en el nuevo contexto emergente de la ciudadanía global. Dejamos eso para Peces Barba y sus eruditas disertaciones en la cátedra pluralista de “El País”.

Como ciudadanos, nuestra postura es muchísimo más sencilla. Solamente queremos y exigimos que nos dejen en paz y libertad educar a nuestros hijos como en conciencia creemos que tenemos que hacerlo, que ya bastante complicada está la vida.

Por eso, el Gobierno y sus socios culturales no nos dejan otra alternativa que ejercer nuestro derecho constitucional a la libertad ideológica y, en consecuencia, objetar en conciencia ante la nueva asignatura.

Jaime Urcelay.  Abogado. Presidente de Profesionales por la Ética
Padre de cinco hijos

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