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Posts Tagged ‘DIGNIDAD DEL EMBRIÓN HUMANO’

Miguel Ángel Ortega, PROFESIONALES POR LA ÉTICA DE MADRID

Publicado en Profesionales al Día nº 21

En este momento de la historia que providencialmente nos ha tocado vivir, nuestra mirada está transida por la superficialidad de la inmediatez y la apariencia. El hombre de hoy no contempla las cosas tal y como son sino como le parecen ser. No se prioriza la esencia que soporta la propiedad o cualidad; y ésto porque la forma de pensar metafísica, la más humana de todas las formas de contemplación y pensamiento, ha sido desplazada por la pura existencia vacía que solamente se define por lo accidental y transitorio, no por lo esencial y perenne.

Sirva esta pequeña reflexión como preámbulo de la mirada de un sabio, el doctor Lejeune, que testifica ante el juez sobre su parecer como genetista acerca de un problema crucial: ¿se puede tratar un embrión humano con la dignidad propia de la persona? Si la persona se distingue por su capacidad de raciocinio, por su inteligencia y libertad, ¿cómo sustentar un juicio tan atrevido como el de reconocer la misma dignidad a un embriocito de unos pocos cientos de células y a un adulto bien formado, bien pensante, bien “sintiente”…?

La doctora MARÍA DOLORES VILA-CORO transcribe algunos párrafos de la declaración del dr. Lejeune ante el tribunal de Tennessee sobre el comienzo de la vida humana en su libro HUÉRFANOS BIOLÓGICOS. El hombre y la mujer ante la reproducción artificial (editorial San Pablo):

A la pregunta del juez acerca de si el cigoto o embrión era portador de los mismos derechos morales que un ser humano adulto, respondió el testigo:

Por lo que se refiere a su naturaleza, no puedo ver ninguna diferencia entre el jovencísimo ser humano que usted fue y el ser humano mayor que es ahora., porque, en ambos casos, usted era y es un miembro de nuestra especie. Lo que define a un ser humano es su pertenencia a nuestra especie. Ni uno jovencísimo ni uno mayor han cambiado de una especie a otra. Pertenecen al género humano. Esto es una definición. Y diría precisamente que les tengo el mismo respeto, independientemente de su cantidad de kilos e independientemente del grado de diferenciación de los tejidos.

– Dr. Lejeune, permítame asegurarme de que entiendo lo que nos está diciendo, que el cigoto debería ser tratado con el mismo respeto que un ser humano adulto.

– No le digo esto, porque no estoy en posición de saberlo. Le estoy diciendo que es un ser humano, y al juez le corresponde decir si este ser humano tiene los mismos derechos que los demás. Si se establece una diferencia entre seres humanos, hay que aportar las razones de por qué se establece esa diferencia. Pero si usted me pregunta, como genetista, si ese ser es humano, le diría que, puesto que es un ser y es humano, es un ser humano.
– Usted no diferencia que esté en el estado de cigoto o en el estado de feto.
– Existe una diferencia: no tienen la misma edad. Los unos son muy jóvenes, los otros mayores. Pero esto no establece para mí una gran diferencia, pues el hecho sigue siendo la eliminación de un miembro de mi especie. Es la única razón por la que no matamos a la gente, porque son humanos. De lo contrario, algunos de ellos, alguna dificultad en la vida…”

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Peter Singer, australiano y titular de la cátedra de Bioética en el Centro para los Valores Humanos de la Universidad de Princenton (Estados Unidos), fue entrevistado en Babelia, el suplemento cultural de El País (11 de mayo de 2002) con motivo de la publicación de su libro Una vida ética por la editorial Taurus (editorial del supergrupo de Jesús de Polanco, para no salirse del carril del pensamiento único). Esta entrevista constituye uno de los referentes ideológicos del Gobierno español. Y si no, juzguen ustedes mismos.

El citado Singer también es autor de Liberación animal, un libro publicado en 1975 con enorme éxito de ventas. En él afirmaba un verdadero dogma para la confusa mentalidad posmoderna: “Los animales son titulares de ciertos derechos humanos, como el derecho a la vida y a no ser torturados”. Con estos antecedentes, no puede una extrañarse de sus contestaciones en la entrevista citada. Así, el periodista le pregunta qué opinión tiene sobre clonación con fines médicos y la investigación con células madre embrionarias y el responde, sin cortarse un pelo que “Los embriones no son seres sensibles. No experimentan dolor. Hay miles de embriones excedentes o sobrantes de tratamientos de fertilización in vitro que se conservan congelados en tanques de nitrógeno líquido. No tienen futuro, así que ¿por qué no emplearlos en el campo de la investigación? Esto no va a privarles de ningún futuro porque no lo tienen. (…) Antes prefiero un experimento con un embrión humano excedente que con una cobaya”.

Las ideas de Singer están a punto de hacerse realidad en nuestro país. El jueves 16 de febrero se votó en el Congreso de los Diputados la nueva ley de reproducción asistida. En la España de Zapatero, las cínicas y salvajes ideas de Singer van a ser una realidad con una norma que no viene a satisfacer el deseo de tener hijos, como nos contará, conmovida, la vicepresidenta del Gobierno. La reproducción asistida ya estaba autorizada en España y no era necesario ampliarla porque la producción artificial de seres humanos la realizan numerosas clínicas privadas y públicas. El único objetivo de esta nueva ley es enriquecer a los centros que almacenan cientos de miles de embriones congelados con los que a partir de ahora se podrá experimentar y comercializar sin límite.

Porque el otro gran argumento que ha esgrimido enternecida la vicepresidenta del Gobierno (y si no, al tiempo), es que esta ley también viene a curar enfermedades y a dar esperanza a los atribulados padres gracias a la clonación (terapéutica, no crean; se aprovechan las células y luego se destruyen, no vaya a ser que crezcan y tengamos clones adultos) y la selección eugenésica de embriones.

Pero volviendo a la revolución animal que proclamaba Singer, la nueva ley de reproducción asistida protegerá y financiará la destrucción, selección y experimentación de embriones, aunque les llamen preembriones (la realidad no cambia porque la renombremos). Sin embargo, aquel osado que capture un huevo de avestruz o una cría de lobo o de zorro (aunque sea recién nacida o incluso por nacer, en el vientre materno), por citar algunas especies protegidas, será castigado con la misma pena que si se apropia del animal adulto. Así lo establece la legislación estatal y autonómica de protección de animales. La protección del ser humano desde el momento mismo de su concepción no favorece la biodiversidad, al parecer. Por ello podemos capturar embriones humanos sin temor a ser sancionados.

Este debate, como sabemos, no es nuevo. El recientemente fallecido Johannes Rau, siendo presidente de la República Federal de Alemania, pronunció en mayo de 2001 un histórico discurso. En él recordaba que los diputados alemanes, desde posiciones políticas muy diferentes, habían acordado que en su país no se experimentaría con embriones. Establecieron, además, que, a efectos de protección legal, la vida humana empezaba con la fecundación del óvulo. “Lo cierto – afirmó el presidente alemán – es que la experiencia que vivimos con el nacionalsocialismo y, en particular, con la investigación y la ciencia en el Tercer Reich tiene que desempeñar un papel importante a la hora de formarse un juicio ético: unos círculos científicos desenfrenados se dedicaron a investigar únicamente al servicio de sus objetivos, sin escrúpulos morales.”

La Conferencia Episcopal Española, como voz que clama en el desierto, ha denunciado proféticamente la amenaza que la ley Zapatero de reproducción asistida supone para la vida y dignidad del ser humano. Quiénes son los obispos, dirán algunos, para imponer sus creencias a todos los ciudadanos. Magnífico argumento si no fuera inconsistente; no hablamos de fe sino de razón, de verdad científica, de certeza demostrable. Si dejamos crecer al embrión, se convertirá en un bebe y, posteriormente, en un adulto; si lo destruimos, aunque sea con fines loables, salvíficos y benefactores de la humanidad, le estamos quitando la vida. Así de sencillo. Otro eclesiástico, August von Galen, obispo de Münster (Alemania), también se opuso con coraje al nazismo, en especial a sus experimentos contra enfermos y minusválidos. De ahí el sobrenombre con el que es conocido: el león de Münster.

En definitiva, bienvenidos todos, señoras y señores, al gran negocio de la producción, manipulación y destrucción de la vida humana. Y mientras, la Administración sanitaria se ocupa del gran debate nacional sobre la salud de los ciudadanos: ¿Podemos o no fumar en el balcón de la oficina?

Teresa García-Noblejas, Presidenta de PROFESIONALES POR LA ÉTICA, FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE ASOCIACIONES

 

 

 

 

 

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